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Proletariado y clase media en Marx: coreografía hegeliana y la dialéctica capitalista

sábado, abril 30th, 2022

Martin Nicolaus

Publicado originalmente en “Studies on the Left” vol. 7 núm. 1, 1967, pp. 22-49. Traducción de Fernando Santos Fontela incluida en El Marx desconocido, Ed. Anagrama, Barcelona, 1972.

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I. Coreografía hegeliana

Para aclarar más la delicada cuestión del hegelianismo de Marx hay que establecer una distinción entre tres aspectos de la dialéctica. En primer lugar, está el contexto del movimiento dialéctico, que en Hegel es, o bien el reino intemporal de la lógica pura o una esfera a la que se llama Historia, pero no es sino el contexto efímero en el que una idea abstracta desenvuelve su objetivo. En segundo lugar, está el contenido de las categorías dialécticas, que en Hegel es típicamente abstracto, vacío de referencia concreta. Por último, tenemos el mismo movimiento dialéctico, el proceso inevitable por el cual las contradicciones se desenvuelven, afirman, niegan y se desvanecen graciosamente de la escena con una deslumbrante Aufhebung: anulación, preservación y superación en un movimiento. Con ánimo polémico he llamado a este movimiento de las categorías en Hegel su «coreografía», pues, a mi juicio, Marx siguió hechizado por esta danza mucho después de haber logrado bajar a ras de tierra y simplificar el contexto y el contenido de la dialéctica. Argumentaré que fue la cautivación de Marx por esta coreografía lo que le llevó a la predicción de que la sociedad capitalista debía polarizarse inevitablemente en dos clases directamente antagonistas, y que, en esta polarización, el proletariado industrial debía desempeñar el papel de la negación triunfante.

El que esta predicción haya resultado equivocada, y el que su cumplimiento parezca menos probable precisamente donde más era de esperar, esto es, en las naciones industriales avanzadas, es algo que viene siendo evidente desde hace algún tiempo. En la segunda parte de este artículo aduzco que el propio Marx elaboró los principios teóricos sobre los cuales puede demostrarse la no validez de esta predicción, y que a veces estos principios llevaron al mismo Marx a hacer predicciones que contradicen explícitamente las del Manifiesto Comunista. Mi tesis es que las principales contribuciones de Marx a la comprensión del capitalismo: la teoría del valor trabajo, la teoría de la plusvalía, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, constituyen un cuerpo teórico a partir del cual se pueden predecir y explicar con precisión la falta de polarización en la sociedad capitalista, el auge de una nueva clase media y el declive de la militancia del proletariado industrial -o sea, en otros términos, las características esenciales de la sociedad industrial avanzada-, y que de hecho eso es lo que hizo Marx. Al comentar la teoría de las clases en Marx me ocuparé, sobre todo, de su teoría de las clases surgidas del capitalismo industrial y no de su teoría general. Por esta última entiendo la serie de proposiciones centradas en la idea de que las luchas de clases son la fuerza impulsora de la historia, de que las clases y sus conflictos surgen de contradicciones en los instrumentos y los modos de producción, etc. Por desgracia, no hay nada en esta teoría general que permita deducciones instantáneas y espontáneas de las condiciones concretas que imperan en una sociedad dada. En La ideología alemana, Marx habló sin ninguna ambigüedad de la necesidad de la investigación empírica. La teoría general es que «determinados individuos que como productores, actúan de un determinado modo, contraen entre sí estas relaciones sociales y políticas determinadas». Pero «la observación empírica tiene necesariamente que poner de relieve en cada caso concreto, sin ninguna clase de falsificación o especulación, la trabazón existente entre la organización social y política y la producción.»1 Pero el propio Marx no llevó a cabo un programa de investigación empírica a fondo de la producción capitalista hasta varios años después del Manifiesto, y la consiguiente debilidad de su comprensión de la estructura social fue lo que permitió que la coreografía hegeliana tuviera tanto peso sobre él.

Aunque la información biográfica acerca de la génesis de una idea no puede aportar sino pruebas circunstanciales, este tipo de datos tiene su utilidad cuando provoca escepticismo; y cuando el escepticismo lleva a un nuevo examen de determinadas formulaciones rituales, entonces es posible que la introducción de datos biográficos sirva para devolver la vida a una idea mucho después del momento en que apareció ésta. En el presente caso, el dato clave de información circunstancial que debería provocar nuestro escepticismo y llevarnos a contemplar a Marx con nuevos ojos es que Marx proclamó la histórica misión liberadora del problema antes de tener más que unas vagas nociones de la economía política del capitalismo, antes de haber leído a los economistas burgueses de su época, y mucho antes de haberse enfrentado con los problemas económicos cuya solución se encuentra en su teoría madura.

La proclamación de que el proletariado haría la revolución surgió en el tercero de una serie de trabajos filosóficos en la que el joven Marx elaboró una actitud crítica hacia Hegel y sus seguidores. En el primero de esos trabajos, la Kritik des Hegelschen Staatsrechts (escrita en el verano de 1843, cuando Marx tenía 25 años), mantenía todavía, con los hegelianos, que la Revolución francesa había creado un estado político en el cual las distinciones que existían en las vidas privadas de sus ciudadanos, en la «sociedad civil», no tenían relevancia material, o, dicho en otros términos, que los ricos y los pobres eran iguales en la esfera política.2 En el segundo trabajo, Zur Judenfrage (otoño de 1843), enmienda su postura drásticamente al manifestar que las diferencias de categoría civil podían no tener importancia en la esfera política, pero que la misma esfera política tenía poca importancia, y que las distinciones civiles, sin embargo, seguían siendo diferencias civiles, que no se podían pasar por alto.3 Poco después, en la Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie, Etnleitung (invierno de 1843-44), las «diferencias» de categoría civil se convierten en «contradicciones dentro de la sociedad civil», cambio importantísimo; la relevancia de la esfera política y de la filosofía que trata de ella como si el estado fuera el reino de los cielos aquí en la tierra se ve completamente negada; a la misma filosofía se le da un funeral apropiadamente filosófico al proclamarse que lo que cambiará a la sociedad serán las obras, y no las palabras; y por último entran en el escenario los hombres que blandirán la histórica escoba para barrer al pensamiento alemán y a la política alemana de sus telas de araña entrelazadas:

¿Dónde está, entonces, la posibilidad positiva de la emancipación alemana? Respuesta: en la formación de una clase con cadenas radicales, una clase dentro de ¿a sociedad civil que no sea una clase de la sociedad civil, un estado que sea la disolución de todos los estados, una esfera que posea carácter universal porque su sufrimiento es universal… La disolución de la sociedad como estado especial es el proletariado.4

Ahora se ha liquidado el contexto hegeliano, y las categorías hegelianas han recibido un contenido histórico, pero pese a todo la coreografía surge con más fuerza. La único que ha descubierto Marx del proletariado es que se desarrolla y aumenta al crecer la industria,5 y ya lo tiene bailando el principal papel negativo en la dialéctica de la Historia. Marx no empezó hasta después de esta proclamación a leer a los economistas para encontrar, como escribió más adelante, la anatomía de la sociedad civil.6

El historial de la colisión entre la filosofía hegeliana y la economía política de Adam Smith, Ricardo y otros, figura en los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 de Marx. Ninguna de sus obras revela con más claridad las dificultades que experimentó Marx, y probablemente las que debe experimentar cualquiera, al intentar dominar la confusión desalentadoramente pragmática de datos y teoría que impera en una disciplina tan poco poética como la economía, con el bagaje intelectual de una esfera tan clara, límpida e incluso elegante como la filosofía hegeliana. La lucha no admite compromisos y es compleja. Por una parte, Marx escribe que «… mis resultados han sido alcanzados mediante un análisis totalmente empírico, fundamentado en un concienzudo estudio crítico de la Economía Política.»7 Y luego: «La Economía Política simplemente ha expresado las leyes de este trabajo alienado.»8 Pero: «Hegel se coloca en el punto de vista de la Economía Política moderna. Concibe el trabajo como la esencia del hombre que se prueba a sí misma.»9 Sin embargo, Hegel está equivocado, porque su «aprehensión es formal y abstracta (y por lo tanto) la superación de la alienación se convierte en una confirmación de la alienación.»10 Es una batalla de métodos, de formas de ver y explicar el mundo, una lucha entre epistemologías desiguales. Aquí la fuerza dialéctica del idealismo alemán lucha con Hércules contra el gigante Anteo, el hijo de la Tierra; y debe decirse que el resultado es el mismo que el de aquella prueba mítica: la filosofía levanta a su antagonista del suelo, lo aleja de la fuente de su fuerza, y lo estruja en el aire. Así Marx agarra el proceso capitalista de producción, sus relaciones de propiedad, junto con su sistema de cambio y circulación, y levanta todo este edificio de datos empíricos y empíricas suposiciones en el aire hegeliano, donde estruja al gigante pragmático tras dejarlo en el solo concepto de «trabajo alienado». Y Marx aspira a más que Hércules: no sólo aplasta a su antagonista, sino que además cree que puede reconstituirlo a un nivel más alto al desdoblar el contenido del núcleo fundamental a que se ha visto reducido. Así escribe, como sólo podría escribir un idealista filosófico:

Así como mediante el análisis hemos encontrado el concepto de propiedad privada partiendo del concepto de trabajo alienado, así también podrá desarrollarse con ayuda de estos dos factores todas las categorías económicas y encontraremos en cada una de estas categorías, por ejemplo, solamente una expresión determinada, desarrollada, de aquellos primeros fundamentos.11

Aquí ha triunfado la metafísica sobre el empirismo, no sólo en método, sino también en sustancia. La teoría de Marx sobre las clases, tal como se forja en este yunque, representa una doble derrota de la economía. En primer lugar, Marx ve tanto la división de la sociedad en clases como la división del trabajo como aspectos equivalentes del concepto clave «trabajo alienado».12 Sólo desde una perspectiva ajena a la economía puede uno permitirse el pasar por alto las diferencias entre ambas. En cambio, un economista político debe enfrentarse con el hecho de que la división del trabajo no es lo mismo que la división de clases, y explicarlo, pues de no hacerlo, todo su oficio cae en la confusión. Incluso en La ideología alemana (1846) Marx sigue estando fuera de la economía política en este respecto, como demuestra su famosa observación de que el comunismo abolirá la división del trabajo, para que el hombre pueda ser cazador, pescador o crítico, según le agrade.13 Se trata de una brillante visión filosófica, pero un espíritu menos poético no la habría aventurado sin preguntar primero donde obtendrá el cazador su escopeta, el pescador su caña y su sedal, y el crítico sus libros; y la respuesta a estas preguntas entra, también, en el reino del economista, no del filósofo. Hay una cierta ironía en el hecho de que Marx no ponga la división del trabajo y la división de clases en la correcta perspectiva económica hasta que observa que Proudhon ha cometido una confusión filosófica análoga, pues el mismo Marx, como escribió más adelante, fue el responsable de «infectar» a Proudhon de hegelianismo.14

El segundo efecto, y el más desastroso, de la victoria de la filosofía sobre la economía en la teoría de las clases de Marx fue su descubrimiento de la posibilidad de que el antagonismo del trabajo contra el capital «encajara» limpiamente en el patrón dialéctico. Aquí se reforzó y amplió la anterior proclamación del proletariado como negación universal hasta el punto de que a Marx le pareció que el desarrollo de la industrialización capitalista era un desdoblamiento forzoso de una contradicción cuyo rumbo debía adaptarse a la coreografía porque era dialéctico. «Los componentes de la propiedad privada» -escribe, y sigue hablando de «propiedad privada» y no de capitalismo, de «buergerliche Gesellschaft» (sociedad civil) en lugar de sociedad burguesa- «son el trabajo, el capital y la relación entre ambos». Y luego el patrón que es fundamental en su pensamiento: «El movimiento que estos elementos han de recorrer es el siguiente: primeramente: unidad inmediata y mediata de ambos… (luego) oposición de ambos-oposición de cada uno de ellos consigo mismo… (y) colisión de oposiciones recíprocas15 Aunque este plan dialéctico fue rellenándose con gran cantidad de material histórico, siguió en la base de la visión de Marx de las clases sociales y de su conflicto hasta el Manifiesto incluido, y en gran medida durante el resto de su vida. La idea de que el «capital» y el «trabajo» puedan no ser los únicos componentes determinantes de una sociedad capitalista plena- mente desarrollada, y la idea de que «el movimiento que estos elementos han de recorrer» pueda no ser el movimiento por el que haya de pasar toda contradicción dialéctica que se respete, sino que ese movimiento se vea determinado por la contradicción específicamente capitalista, que puede ser completamente distinta, son ideas que no aparecen hasta una fase ulterior de su obra, y se comentarán en la segunda parte de este artículo. Mientras tanto, sin embargo, el movimiento de la historia parecía confirmar la prognosis dialéctica y hacer innecesario un análisis detallado del proceso económico capitalista; pues era un hecho, como informaba Engels en su Condición de la clase obrera en Inglaterra, que la avalancha del capitalismo industrial estaba destruyendo las anteriores pequeñas clases medias de comerciantes, fabricantes y artesanos, y que la distancia económica y social entre un número reducido de grandes capitalistas y un número cada vez mayor de proletarios sin propiedad iba creciendo rápidamente.16 ¿Tan erróneo era proyectar el impacto de la acumulación capitalista primaria hacia el futuro, como se hace en este pasaje crucial del Manifiesto?

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.17

No hacía falta más que un pequeño acto de fe para prever una sociedad en la cual esta polarización inicial hubiera seguido agudizándose, llegar por último a los límites más extremos del aguante humano; es decir, una sociedad en la cual una clase capitalista absolutamente rica se enfrentaría con un proletariado absolutamente depauperado, y no hace falta ser hegeliano para predecir que en estas circunstancias se producirá una revolución. Pero era una exageración típicamente hegeliana, un salto hegeliano de fe, suponer que la contradicción entre el capital y el trabajo seguiría desarrollándose y evolucionando de este modo hasta que las dos clases se enfrentaran con todo el antagonismo inmediato de una pura negación que se enfrenta con una afirmación absoluta. El suponer, sin otro análisis del proceso económico capitalista, que la dialéctica del capitalismo debía adaptarse a la dialéctica de las ideas fue un importante error hegeliano de procedimiento; y el error de procedimiento acarreó un error de fondo. El avance de la sociedad capitalista no ha significado un conflicto cada vez más agudo entre el capital y el trabajo. Resulta típico que las naciones capitalistas más adelantadas industrialmente cuentan con los proletarios más dóciles y pacíficos: véanse los Estados Unidos; y en cada país capitalista ha surgido una clase media amplia, que se afirma a sí misma y es específicamente nueva, que zancadillea la teoría marxista y sofoca y aplasta la acción marxista. La cautivación de Marx por la coreografía hegeliana ha costado un alto precio a sus seguidores en la sociedad industrial avanzada. A menudo, los profetas del conflicto de clases se han encontrado en la imposibilidad de explicar la estructura de clases de la sociedad, ya que su lectura de Marx les lleva a pensar que podría no haber existido.

II. La dialéctica capitalista

A. El modelo de economía capitalista en el Manifiesto

Las contribuciones de Marx a la economía política -la teoría del valor del trabajo, la teoría de la plusvalía, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia- datan todas ellas de 1857-1858, años durante los que Marx escribió los Grundrisse.18 Ninguno de estos descubrimientos se vislumbra en el Manifiesto (1848), y de hecho esta obra de juventud no da pruebas claras de que Marx hubiera llegado a comprender los problemas cuyas soluciones se encontraron en sus contribuciones posteriores.

Aunque Marx escribe repetidas veces en el Manifiesto que el capital emplea al trabajo a fin de crecer o incrementarse (vermehren),19 en vano se busca aquí una teoría de cómo precisamente este proceso de acumulación de capital tiene lugar. Lo que más se aproxima a una comprensión de la acumulación capitalista, y por lo tanto a una teoría de la plusvalía, es cuando Marx menciona que el comunismo quiere suprimir la apropiación por el capitalista del producto (Reinertrag) del trabajo.20 Pero esta percepción no llega a adquirir conciencia de sí misma, y las diversas alusiones a la acumulación de capital son tan rudimentarias y superficiales, que de ellas no se puede extraer, ni se les puede atribuir ninguna teoría sistemática de la acumulación. La teorización económica del Manifiesto en general adolece de una gran vaguedad. Veamos un ejemplo de una vigorosa predicción basada en una cadena de razonamiento económico difuso:

La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de particulares, la formación y el acercamiento del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí. El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.21

He subrayado la frase «el trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí» para poner de relieve lo que me parece el eslabón más débil en este argumento. La afirmación es, como mucho, una verdad a medias; no llega a ser una verdad entera ni aunque se diga que el volumen de salarios se basa exclusivamente en la competencia. Pero aunque la afirmación fuera correcta, no se sigue de ello que las asociaciones de obreros enterrarán a la burguesía; lo único que se sigue es que el trabajo asalariado se hará más caro desde el punto de vista del capital. Y eso, como se sabe, es precisamente lo que ha ocurrido cuando las asociaciones de obreros (sindicatos) han logrado derrotar la competencia del trabajo no sindicado; la reducción de la competencia no ha terminado en absoluto con el trabajo asalariado ni con el capitalismo. Sólo en el caso de que la burguesía fuera absolutamente incapaz económicamente de conceder las exigencias salariales que les hacen los obreros asociados tendría algunas consecuencias revolucionarias necesarias la eliminación de la competencia entre los obreros. Si Marx en aquella época hubiera elaborado una teoría económica que explicara el hecho de que la burguesía no es incapaz de aumentar los salarios, habría que argumentar de modo distinto este aspecto. Lo principal que demuestra el extracto arriba citado es que el análisis de Marx de la producción burguesa había llegado sólo un poco más allá de la percepción de que la burguesía convierte todos los valores humanos en valores de mercado, todos los seres humanos en mercancías. Así, tanto en éste como en otros pasajes del Manifiesto, Marx ve el mercado como centro de gravedad de la sociedad burguesa; en este caso va tan allá como para creer que un cambio en el mercado (en este caso, el mercado de trabajo) producirá una modificación drástica de toda la estructura social. Aunque no puede pasarse por alto esta insistencia en la importancia del mercado, el propio Marx en sus obras económicas de madurez llegó a ver el mercado como una variable dependiente, y entonces identificó la acumulación de capital y la producción como el auténtico eje en torno al cual gravitan todos los demás fenómenos de la sociedad burguesa.22

Si el Manifiesto contiene alguna teoría totalizadora de la acumulación y la producción capitalistas, lo cual es discutible, esa teoría se centra en el concepto de explotación. «El trabajo asalariado…» -escribe Marx- «crea… capital, es decir, la propiedad que explota al trabajo asalariado y que sólo puede acrecentarse a condición de producir nuevo trabajo asalariado para explotarlo a su vez.»23 Pero aquí desaparece toda claridad, pues, ¿qué significa exactamente explotación? Debe señalarse que en El Capital después que Marx desarrolla la teoría de la plusvalía, da a este término un sentido muy preciso y cuantificable: en este caso, sin embargo, se trata más de un término físico y moral, que denota sufrimiento, degradación, destrucción, deshumanización, etc. El término económico más próximo para este uso de «explotación» sería consumo destructivo; esto es, el capital se acumula al agotar, destruir, la mercancía trabajo en el acto de producción. Cuanto más priva el capitalista al obrero de su mercancía, el trabajo, más rico se hace el capitalista; cuanto más engorda el capitalista, más adelgaza el obrero. Al final los obreros quedarán absolutamente depauperados, y al mismo tiempo los capitalistas tendrán toda la riqueza nacional. Los capitalistas lo tendrán todo, pero no habrá nadie a quien venderlo, y los obreros no tendrán nada sino un mundo que ganar. Entonces, en los términos del Manifiesto, surge una crisis clásica de superproducción («demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio»24) o, más bien, una serie de crisis de ese tipo que culmina en la gran crisis final que traerá la revolución. Ése es, aproximadamente, el modelo de acumulación capitalista en el Manifiesto, y parece ser también el modelo al que se aferran todavía muchos marxistas.

Las afinidades entre ese modelo y la coreografía hegeliana deben saltar a la vista. Pues si verdaderamente es así como funciona el capitalismo, entonces se deduce que el capitalismo debe transformar a la mayor parte posible de la población en oferta de trabajo para la industria, lo cual significa que todas las clases intermedias deben ser destruidas y lo serán (que es exactamente lo que dice el Manifiesto), con lo que se crea una sociedad perfectamente polarizada entre una clase capitalista absolutamente rica y un proletariado industrial absolutamente pobre, ambas clases enfrentadas en el antagonismo integral de una contradicción lógica. Y entonces, verdaderamente, la Aufhebung está ya cerca.

Pero, para volver una vez más a este modelo económico, ¿qué ocurre si por un motivo u otro la riqueza total de la nación no fuera una constante fija?; ¿qué ocurre si hubiera un incremento, digamos, de x que surgiera para aumentar el total sin disminuir la producción de la riqueza del trabajo respecto a la del capital? La existencia de este incremento adicional, este excedente, le quita entidad a la ley de hierro del consumo destructivo. La riqueza absoluta de una parte no significaría la depauperación absoluta de la otra parte; lo que significa que la acumulación capitalista no significaría forzosamente la polarización social absoluta. Y especialmente si se descubriera que aquella x no era un deus ex machina arbitrario introducido desde fuera en el sistema, sino una característica regular y esencial de la misma producción capitalista.

B. El descubrimiento de la plusvalía

Si tengo razón al decir que la validez de la coreografía social hegeliana depende de la validez del modelo simple, sin excedente, de consumo destructivo arriba esbozado, entonces la liquidación por Marx de la coreografía hegeliana puede determinarse en el tiempo y el espacio con considerable exactitud.. El hechizo de la danza queda roto en principio en los Grundrisse der Kritik der Politischen Oekonomie (Rohentwurf) de 1857-1858, obra voluminosa no traducida al inglés. Tras una larga crítica de la teoría económica que trata de la producción capitalista como si fuera la producción en general, como si no mereciera la pena investigar sus características especiales, Marx plantea el problema central de la teoría del capitalismo y procede a resolverlo. ¿Cómo es, pregunta, que al final del proceso de producción el capitalista tiene una mercancía que vale más que los elementos que la han compuesto? Paga el precio de la maquinaria, de las materias primas y el precio del trabajo, y, sin embargo, el producto vale más que los tres sumados. ¿Cuál, dicho en otros términos, es la fuente de la plusvalía (Mehrwert) de la que se apropia el capitalista? El problema es insoluble, escribe Marx, mientras se considere el «trabajo» como una mercancía igual a cualquier otra mercancía (como se hacía, concretamente, en el Manifiesto).25 Si el trabajo fuera tal mercancía, entonces la producción capitalista sería: precio de la maquinaria + precio de las materias primas + precio del trabajo = precio del producto. ¿Dónde está, entonces, la ganancia del capitalista? Si eludimos la pregunta diciendo que el capitalista fija un porcentaje arbitrario de ganancia, todo lo alto que permita el mercado, parece que el comprador de la mercancía es la fuente de la ganancia del capitalista. Pero lo que gana así el capitalista lo pierde el comprador, y resulta imposible ver cómo surge un excedente agregado de transacciones de este tipo. Marx rechazó esa teoría mercantilista, según la cual el único medio de que una nación se hiciera rica sería engañar a otra en el comercio. La teoría queda superada, y resuelto el problema de la plusvalía, cuando se comprende que el obrero no vende «trabajo» al capitalista, sino fuerza de trabajo (Arbeitskraft). Aunque su precio varía con la oferta y la demanda, esta mercancía específica tiene la excepcional cualidad de que puede producir más valor del que le es necesario para reproducirse.26 Por ejemplo, todas las mercancías necesarias para mantener al obrero vivo y en condiciones de trabajar, esto es, alimentos, ropa, casa, etc. tienen un valor representado por la letra n. El obrero que trabaja en una fábrica produce para el capitalista una cantidad de mercancías cuyo valor es igual al valor de las mercancías que necesita él consumir en n horas. Esta n es lo que llama Marx tiempo de trabajo necesario, o sea, el tiempo necesario a fin de producir suficiente valor para que de él pueda vivir y trabajar el obrero. Pero después de alimentarse y vestirse, el obrero puede seguir trabajando más n horas, y eso es exactamente lo que le obliga a hacer el capitalista. Si en una fase determinada de productividad social hacen falta por término medio seis horas para que viva el obrero, es decir, si n es 6, todas las horas trabajadas por encima de 6 son lo que Marx llama trabajo excedente, y el producto de este trabajo excedente es el producto excedente que, una vez vendido, rinde plusvalía, parte de la cual se embolsa el capitalista como ganancia.

El carácter específico de la producción capitalista, pues, es la creación y la apropiación de la plusvalía por la clase capitalista. A fin de aumentar la plusvalía, el capitalista ha de aumentar la cantidad de trabajo excedente de los obreros. Marx distingue entre dos métodos de aumentar el trabajo excedente. En las primeras fases de la industrialización, el primer método era la prolongación de la jornada de trabajo por encima del tiempo de trabajo necesario, con lo que la jornada llegaba a las 12, las 14, las 16 y más horas, hasta los límites del aguante humano y más allá. Esta forma de acumulación de plusvalía es lo que llama Marx la producción de «plusvalía absoluta».27 Sin embargo, llega un momento en que la fuerza de trabajo se agota por estos medios; los obreros mueren demasiado jóvenes, la población obrera disminuye por enfermedad y han de subir los salarios. Entonces, escribe Marx, la clase capitalista considera que le conviene reducir por una ley la jornada de trabajo a una duración humanamente soportable y «normal».28 Cuando se ha llegado a esa fase, punto que según Marx ocurre cuando el capitalismo se ha apoderado de todos los sectores de la producción y se convierte totalmente en la forma dominante de producción,29 la clase capitalista pasa a la creación de lo que Marx llama «plusvalía relativa», esto es, a la extracción de más trabajo excedente dentro de número fijo de horas.30 Aunque la producción de plusvalía absoluta es posible con los instrumentos y la maquinaria de períodos anteriores, la plusvalía relativa sólo puede crearse si se revoluciona toda la base de la producción, lo que significa principalmente la rápida introducción de maquinaria moderna. La maquinaria aumenta la productividad de cada obrero, de forma que produce el valor equivalente necesario para mantenerlo en menos tiempo; esto es, n, tiempo necesario de trabajo, se reduce en relación al tiempo de trabajo excedente. De este modo, el capitalista puede apropiarse cantidades cada vez más grandes de plusvalía sin necesidad de matar al obrero en el proceso, aunque también puede hacer ambas cosas. Para Marx, la producción de plusvalía relativa mediante el uso de maquinaria cada vez más eficiente que lleva a una productividad cada vez mayor era una de las tendencias históricas fundamentales del capitalismo.

Ahora hemos de comentar brevemente lo que Marx calificó de solución del misterio que había angustiado a toda la economía política desde Adam Smith, esto es, la «ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.»31 Esta ley dice sencillamente que cuando la clase capitalista en general invierte cada vez más en maquinaria y proporcionalmente menos en salarios, la tasa de la ganancia tenderá a disminuir. El hecho de que Marx supusiera unas condiciones competitivas de mercado, y que éstas ya no sean típicas en la actualidad, no destruye la utilidad de esta ley como concepto explicativo, lo que Baran y Sweezy en el Capital monopolista han llamado la «tendencia creciente del excedente» es algo que no sólo no contradice la ley de Marx, sino que de hecho no es sino otro aspecto de ella.32 Marx afirmó concretamente, y en repetidas ocasiones, que la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no sólo puede, sino que debe llevar a un aumento correspondiente de la masa de ganancia, y que una disminución de la tasa de ganancia debe tender a aumentar tanto la tasa como la masa de la plusvalía 33 (la plusvalía se computa sólo sobre la base del tiempo de trabajo necesario contra el tiempo de trabajo excedente, pero la ganancia se computa sobre una base que incluye también la inversión en maquinaria, lo cual explica el movimiento aparentemente contradictorio de ganancia y plusvalía). Así, en el transcurso del desarrollo capitalista, sostenía Marx, la clase capitalista tiende a obtener una tasa más pequeña de ganancia sobre sus inversiones, pero el volumen de la ganancia, así como el volumen y la tasa de la plusvalía que controla, tiende a aumentar a una velocidad desproporcionadamente mayor. Por ejemplo, un fabricante del siglo XVIII que empleara a 1.000 obreros con herramientas manuales podía realizar una ganancia del 50%, con una masa de unos miles de dólares; pero una empresa moderna con igual número de obreros y una inversión de varios millones de dólares en maquinaria puede realizar sólo el 5%, y, sin embargo, sus ganancias pueden ser también de varios millones.

Esta tendencia tiene consecuencias importantes para la relación entre la clase capitalista y la clase obrera. Una de ellas es que el proceso del desarrollo capitalista avanzado permite a la clase capitalista hacer frente a las exigencias obreras de salarios más altos con una flexibilidad que carece de precedentes. El pequeño capitalista de épocas anteriores no podía, a veces literalmente, aumentar los salarios sin el riesgo de quedarse arruinado. Para la gran sociedad anónima con sus voluminosas reservas, la negativa a conceder aumentos de salarios, en lugar de constituir una necesidad de la que puede depender su vida, es una cuestión de política. Lo que ocurre entonces, previó Marx, es que la sumisión de los obreros a la clase capitalista se cubre con

…formas un poco tolerables, formas «cómodas y liberales», para emplear las palabras de Eden… Los obreros, al acumularse el producto excedente convirtiéndose incesantemente en nuevo capital acumulado, perciben una parte mayor de lo producido, bajo la forma de medios de pago, lo que les permite vivir un poco mejor, alimentar con un poco más de amplitud su fondo de consumo, dotándolo de ropas, muebles, etc., y formar un pequeño fondo de reserva en dinero.34

Como un gran capital puede incrementarse con más facilidad, y lo hace, aunque sea con una tasa de ganancia más pequeña, que un capital pequeño, este tipo de aumentos de salarios en esta fase del desarrollo capitalista pueden ser tranquilamente concedidos, pues no obstaculizan en modo alguno la acumulación de capital ni su concentración en mano de los grandes capitalistas.35 En otro lugar escribe Marx que lo que de verdad importa bajo el capitalismo no es el nivel absoluto de los salarios, sino los ingresos relativos de cada clase.36 Dicho en otros términos, una vez que el capital ha acumulado un determinado volumen de excedente, la depauperación absoluta de los obreros se convierte en una posibilidad desdeñable, porque ya no es la condición previa esencial de la acumulación capitalista. La misma explotación pasa a ser un término relativo; en El Capital, la tasa de explotación significa la relación entre el trabajo excedente y el trabajo necesario en la jornada de trabajo. Así, la tasa de explotación puede aumentar casi ad infinitum, pero al mismo tiempo la clase obrera puede vivir con más comodidad que nunca. El aumento del excedente hace que la clase capitalista pueda cambiar su tiranía por un despotismo benévolo.

Las víctimas más lamentables de la acumulación capitalista en su fase avanzada, tal como la describió Marx, no son los obreros, sino los parados, el «ejército industrial de reserva». Al aumentar la productividad, es posible que descienda temporalmente la demanda de trabajo productivo en una industria determinada o en todas las industrias en general, o que, a largo plazo, tienda a disminuir permanentemente. Así se crea una corriente constante de subempleados, desempleados, individuos prematuramente gastados, caducos o inempleables.37 Cuando el trabajo no cualificado es el régimen normal de la sociedad, como expuso Marx en El Capital, este ejército de reserva sirve para bajar los salarios de los que están empleados; pero, podría haber añadido, en determinada fase del desarrollo de la productividad sólo se puede utilizar trabajo cualificado (por ejemplo, la sustitución de equipos de excavación de zanjas con herramientas manuales por la maquinaria de excavación), de modo que los parados no especializados pierden incluso su vínculo competitivo con la clase obrera, y cuando una generación de parados engendra otra, surge toda una clase dependiente de la asistencia social. Al mismo tiempo, el mayor volumen de excedente hace que resulte posible asistir a números cada vez mayores de personas en esta situación, por miserablemente que sea. En las fases avanzadas del desarrollo capitalista, la «explotación» de la clase obrera parece prosperidad al lado de la miseria de este nuevo subproletariado en paro permanente.

En resumen, las consecuencias de la teoría de 1a plusvalía de Marx destruyen la relación entre el capital y el trabajo que había previsto el Manifiesto. En manos de una clase capitalista inteligente consagrada a su propia supervivencia, el excedente en aumento proporciona un amortiguador contra las formas más agudas del conflicto de clases, e impide la polarización social absoluta en el sentido que indicaba la coreografía hegeliana. La dialéctica específicamente capitalista no obedece a las leyes del gran filósofo.

C. El auge de la clase del excedente

El aumento de la plusvalía no sólo modifica la relación entre la clase capitalista y la clase obrera, sino que crea también una clase completamente nueva entre ellas. Si bien, que yo sepa, el término «clase de excedente» para designar a este estrato no aparece en los escritos de Marx, no cabe duda de que apreció y expresó esta idea y sus consecuencias.

La característica esencial del capitalismo, dice Marx, es apropiarse del trabajo excedente. Es decir, el trabajo sólo es productivo para el capitalismo en la medida en que proporciona trabajo excedente: o, como dijo Marx sucintamente, «el trabajo sólo es productivo en la medida en que produce su propio contrario».38 Al irse haciendo el trabajo cada vez más productivo, produce cada vez más de su propio contrario. Esta tendencia da lugar a lo que cabe calificar de «ley de la clase del excedente» en su forma más general: cuando se obliga a cada vez menos gente a producir cada vez más, cada vez más gente se ve obligada a producir cada vez menos. Como dijo Marx:

Dado un progreso de la productividad industrial hasta el punto de que sólo un tercio de la población participa directamente en la producción material, en lugar de dos tercios como ocurría antes, entonces un tercio proporciona los medios para que viva la totalidad, mientras que antes para eso hacían falta los dos tercios. Antes, un tercio era rentas netas (y distintas de los ingresos de los obreros), ahora las rentas netas son de dos tercios. Cualquiera sea la contradicción de clases, toda la nación no necesitaría ya sino un tercio del tiempo para la producción directa, mientras que antes necesitaba dos tercios. Si la distribución fuera igual, todo el mundo tendría ahora dos tercios del tiempo para el trabajo no productivo y para el ocio. Pero en la producción capitalista todo parece contradictorio y lo es.39

La contradicción reside en el hecho de que la distribución del tiempo disponible no puede ser Igual mientras el sistema capitalista funcione mediante la apropiación del trabajo excedente, esto es, mientras exista el sistema capitalista de producción; pues si todo el mundo trabajara sólo el tiempo necesario para reproducir los medios de vida no quedaría un excedente para que se lo apropiaran los capitalistas. ¿Qué le ocurre, bajo el capitalismo, a la masa de gente que queda liberada del trabajo directo, productivo, por los adelantos de la productividad? La pregunta es la misma que la de qué ocurre con la masa de plusvalía engendrada por la producción capitalista avanzada.

Marx dividió la plusvalía en varias categorías, de las que sólo necesitamos distinguir las más amplias, capital y rentas. El capital es la parte de la plusvalía que el capitalista reinvierte en más producción. La renta incluye todo lo que el capitalista se paga a sí mismo y paga a otros, como dividendos, pagos de intereses, renta de la tierra, impuestos, y, lo que es más importante, pagos por servicios prestados a su empresa por trabajadores que no son productivos. Muchísima gente que no produce mercancías para la venta con ganancia es esencial para la industria capitalista y consume parte de sus ingresos; por ejemplo, contables, oficinistas, secretarios, abogados, delineantes, ingenieros, vendedores, etc.; en general toda la gente que no controla capital ella misma (como lo controlan los banqueros) y que desempeñan una función en el vasto sistema de financiación, distribución, cambio, mejoramiento y mantenimiento de las mercancías producidas por el proletariado y de las que se apropia la clase capitalista.40 Y de la ley del aumento de la plusvalía se sigue que, salvo en épocas de inversiones excepcionalmente grandes de capital, la masa de rentas disponibles debe tender también a aumentar, esto es, debe aumentar la parte del excedente que se puede gastar en la utilización de trabajo no productivo. No sólo el excedente puede gastarse en trabajo no productivo, sino que debe hacerse así por dos motivos. En primer lugar, al aumentar la productividad, aumenta también el número de trabajadores no productivos necesarios para el servicio y el mantenimiento del capital en aumento. Aumenta el número de trabajadores no productivos tradicionales, por ejemplo, oficinistas y contables. Lo que es más significativo, surgen ramas enteras de trabajo no productivo, los ejemplos más evidentes de las cuales son el sistema bancario, el sistema de créditos, los imperios de los seguros y la publicidad, pero también entran en esta categoría el aumento de las plantillas científica y tecnológica, así como un incremento de la educación pública en general. El propio Marx señaló el aumento de esta necesidad de servicios no productivos.41

El segundo motivo de que deban aumentar los trabajadores no productivos es que un aumento del producto excedente requiere un aumento del número de personas que pueden permitirse consumirlo. La producción excedente requiere consumo excedente. El sistema capitalista se basa en la extracción de la clase obrera de más mercancías que las que se permite consumir a esa clase; el sistema se hundiría si no hubiera también una clase que consumiera más de lo que produce. Más adelante se citarán algunos extractos de Marx relativos a este problema.

La combinación de estos dos corolarios de la teoría de Marx sobre el excedente, constituyen lo que yo he llamado la «ley de la clase excedente», es decir, la ley de la tendencia al auge de una nueva clase media.

El que Marx formulase precisamente una ley de este tipo puede resultar algo sorprendente para muchos marxistas. Los motivos de esa sorpresa, si mi conjetura al respecto es correcta, no resultan difíciles de encontrar. En primer lugar, la teoría de Marx sobre la nueva clase media quedó embrionaria, aunque explícita; fue una de las muchas consecuencias de sus descubrimientos económicos que prefirió no seguir desarrollando, o que el tiempo le impidió desarrollar. El fenómeno que describe esta teoría, después de todo, no había surgido con toda su fuerza en la época en que él escribió. En segundo lugar, las obras en que Marx desarrolla esta teoría con más claridad (los Grundrisse y Theorien Ueber den Mehrwert) no han sido traducidas al inglés (que yo sepa), y no todas las bibliotecas tienen las versiones originales. En tercer lugar, la teoría de la clase media se sigue directamente de la teoría del valor del trabajo, la teoría de la plusvalía y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, y parece existir un considerable acuerdo tácito en la izquierda acerca de la negativa ortodoxamente académica a tomar en serio estas tesis marxistas.42 Por último, existen todavía algunos marxistas, especialmente en la nueva izquierda, que no se han molestado en leer atentamente nada de lo escrito por Marx después del Manifiesto, o lo que es peor, nada de lo escrito después de los Manuscritos de 1844. Existe una divertida tendencia, al menos en los círculos académicos que conozco, a repetir un experimento que Marx aventuró cuando tenía 26 años, y es el de tratar de estrujar el concepto de trabajo alienado hasta que de él salgan goteando todas las categorías de la sociología, la política y la economía, como si esta piedra filosofal fuera un limón. Las gotas tienen bastante sabor, pero carecen de sustancia.

Para que se pueda disponer a escala más amplia de los datos sobre la teoría de la clase de Marx, desearía citar aquí varios extractos largos, todos ellos de las obras no traducidas.

Marx vio desde que empezó a investigar el problema de la plusvalía que la clase de los capitalistas no podía consumir, y no consumía, toda la plusvalía que extraía de los trabajadores. Así, en los Grundrisse, unas docenas de páginas después de plantear el problema de la plusvalía, encontramos la siguiente nota:

… la creación del trabajo excedente corresponde por una parte a la creación de menos-trabajo, y por la otra a la relativa inactividad (o en el mejor de los casos da trabajo no productivo). Esto es obvio en lo que respecta a la clase capitalista; pero también. es cierto para las clases con las que se divide; así para los pobres, los lacayos, los lameculos y todo el séquito de servidores que viven del producto excedente; la parte de la clase sirviente que no vive del capital, sino de la renta. Diferencia esencial entre esta clase sirviente y la clase obrera… Así, Malthus es totalmente lógico cuando invoca no sólo el trabajo excedente y el capital excedente sino también los vagos excedentes, que consumen sin producir, o la necesidad de despilfarro, lujo, filantropía ostentosa, etc.43

Aquí Marx piensa en obreros, mejor dicho, no-obreros que prestan servicios personales al capitalista, no en los que desempeñan una función no productiva necesaria para el capital. Como indica el siguiente extracto de Theorien Ueber den Mehrwert, no está completamente seguro de que exista una diferencia.

Aunque la burguesía es inicialmente muy frugal, con el aumento de la productividad de su capital, es decir, de sus obreros, imita el sistema feudal de los séquitos. Según el último (1861 o 1862) Informe sobre las Fábricas, el total de personas empleadas en las fábricas del Reino Unido (incluidos los administradores) era sólo de 775.534, mientras que el número de criadas nada más que en Inglaterra era de un millón. ¡Qué arreglo más bonito, en el que una obrera suda en el taller doce largas horas para que el dueño de la fábrica pueda usar una parte del trabajo que no le paga para tomar a su hermana de criada, a su hermano de criado, y a su primo de policía o de soldado a su servicio personal!44

Cuando se ve al capitalista individual como plasmación de la clase capitalista, como hace Marx constantemente, la inclusión de soldados y policías junto con los sirvientes domésticos en una categoría única de sirvientes tiene sentido. En una parte relativamente bien conocida del Capital lanza su desprecio y sus insultos imparcialmente a todos los trabajadores no productivos, incluidos los criados, los políticos, los eclesiásticos, los abogados, los soldados, los terratenientes, los rentistas, los mendigos, los vagabundos y los delincuentes,45 tanto si prestan servicios al capitalista individual o a toda la clase globalmente.

Su desprecio por esa gente se ventila con especial furia (en las Theorien) contra el lúgubre pastor protestante, Malthus, que defendía la creación de masas cada vez mayores de esta gente inactiva para que mantuviera la economía capitalista en marcha al consumir su producto excedente. «Qué idea más ridícula», escribe Marx, «la de que el excedente tiene que ser consumido por sirvientes, y no puede ser consumido por los mismos trabajadores productivos.»46 Pero escribe que Malthus tiene razón cuando habla de la necesidad de consumidores no productivos en una economía capitalista.47 El hecho de que los «remedios» de Malthus contra el mal de la superproducción -«impuestos elevados, masas de sinecuras estatales y eclesiásticas, grandes ejércitos, jubilados, diezmos para los eclesiásticos, una gran deuda nacional y guerras periódicas costosas»-48 hayan sido adoptados en gran parte por el sistema capitalista avanzado no habría sorprendido a Marx. Escribe de Malthus que

Su mayor esperanza -que él mismo indica como más o menos utópica- es que aumente el volumen de la clase media y que el proletariado trabajador constituya una proporción en constante disminución de la población total (aunque aumente en términos absolutos). Efectivamente, ése es el camino que sigue la sociedad burguesa (Das ist in der Tat der Gang der Bourgeoisgesellschaft).49

Aunque Marx no tenía sino desprecio y odio contra todo plan orientado deliberadamente a fomentar el crecimiento de una clase no productiva, se vio obligado a reconocer repetidas veces que el aumento de la productividad, esto es, el aumento de la plusvalía, creaba precisamente ese tipo de clase. Esto se puede aclarar con algunos extractos:

Para producir «productivamente» se ha de producir de tal modo que se excluya a la masa de los productores de una parte de la demanda del producto en el mercado; se debe producir en contradicción con una clase cuyo consumo no tiene ninguna relación con su producción, dado que precisamente este exceso de producción sobre consumo es lo que constituye la ganancia del capital. En cambio, se ha de producir para clases que consumen sin producir.50

A un nivel bajo de desarrollo de la productividad social del trabajo, en el que por lo tanto el trabajo excedente es relativamente reducido, la clase de los que viven del trabajo de otros será en principio reducida en relación con el número de obreros. Esta clase puede llegar a adquirir proporciones importantes en la medida en que se desarrolle la productividad, esto es, la plusvalía relativa.51

La progresiva transformación de una parte de los obreros en sirvientes es una perspectiva encantadora, igual que es un gran consuelo para ellos (los obreros) el que, como consecuencia del aumento del producto neto, se vayan abriendo más esferas para trabajadores no productivos que viven del trabajo excedente y cuyos intereses compiten más o menos con la clase directamente explotadora al explotarlos a ellos.52

La consistencia de Marx en esta cuestión puede probarse también negativamente; si está de acuerdo, como hemos visto, con economistas que prevén un crecimiento de la clase no productiva en el proceso del desarrollo capitalista, entonces también debería estar en desacuerdo con los economistas que creen que pueden suprimir esta clase sin abolir el mismo sistema capitalista. El economista burgués Ramsay defendía la abolición de los intereses sobre el capital, o sea, los dividendos que pagaban los industriales a los inversionistas y a los que cortaban el cupón, y en la abolición de la renta de la tierra. Ramsay no veía que estos grupos desempeñaran ninguna función útil. El acre comentario de Marx a esta propuesta debe leerse teniendo presente la frase acerca de la simplificación de las contradicciones de clase (en el Manifiesto):

Si de verdad pudiera ponerse en práctica este ideal burgués, su única consecuencia posible sería que toda la plusvalía caería directamente en manos de los capitalistas industriales, y toda la sociedad se vería reducida económicamente a la sencilla contradicción entre capital y trabajo asalariado, simplificación que sin duda aceleraría la disolución de esta forma de producción.53

Aquí surge otra vez la función de la plusvalía como complicador de los simples antagonismos de clase que ya se habían tenido en cuenta antes. (Otro ejemplo, menor, de la distancia que la teoría de Marx le ha hecho recorrer se encuentra cuando comenta las crisis económicas en el Volumen II, parte 2 de las Theorien: escribe que su análisis se desarrolla sin ocuparse de la «constitución auténtica de la sociedad, que no consiste sólo, en absoluto, en la clase de los obreros y la clase de los capitalistas industriales»).54

La exposición más clara que yo conozca de la teoría de Marx sobre la clase media, se encuentra en su crítica del análisis de Ricardo acerca de los efectos del aumento de la productividad sobre la fuerza de trabajo. Ricardo, igual que Marx, era enemigo acerbo de todas las formas de trabajo no productivo, que consideraba, al igual que Marx, otros tantos «faux frais de production», falsos gastos de producción, y en consecuencia Ricardo pedía que extendiera al máximo el trabajo productivo. Aunque Ricardo apreciaba que sólo la maquinaria permitía la utilización eficiente de grandes cantidades de obreros industriales, le inquietaba el hecho de que la creciente productividad de la maquinaria tendiera al mismo tiempo a hacer superfluo al obrero. Marx observa:

Una tendencia echa a los obreros a la calle y crea una población superflua. La otra tendencia la vuelve a absorber y amplía la esclavitud asalariada en términos absolutos, de modo que la suerte del obrero cambia constantemente, pero nunca puede escapar a ella. Por eso el obrero considera correctamente que el desarrollo de las capacidades productivas de su trabajo es una tendencia hostil, y por eso el capitalista le trata como a un elemento que constantemente debe ser eliminado de la producción. Éstas son las contradicciones con las que lucha Ricardo en este capítulo. Lo que se olvida de destacar es el aumento constante de las clases medias, que están entre los obreros de una parte y los capitalistas y los terratenientes de la otra, que en su mayor parte viven de la renta, que pesan como un fardo sobre la base trabajadora, y que aumentan la seguridad social y el poder de los diez mil de arriba.55 (El subrayado es mío, MN)

Estos extractos representan, que yo sepa, las exposiciones más explícitas de la teoría de Marx sobre la nueva clase media en toda la obra de Marx. Parece perfectamente posible explicar por qué Marx no llevó más allá esta teoría, e incluso es posible que alguien pueda demostrar de algún modo que esta teoría no contradice la predicción de Marx de la polarización de clases y la revolución proletaria (aunque lo dudo). Pero hay una cosa que no puede hacerse con la teoría de Marx de la clase media: explicarla de modo que no exista. Aunque el propio Marx no hubiera mencionado nunca los términos «clase no productiva» o «clase media», alguien hubiera tenido que sacar estas consecuencias de su teoría, pues el auge de la clase media se sigue directamente de la ley de la tendencia creciente de la plusvalía, que es parte de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la cual se deriva directamente de la solución del problema de la plusvalía, que consiste en la teoría del valor del trabajo. Ésta sostiene que el único agente capaz de crear más valor del que representa es el trabajo; esto es, que sólo el trabajo es capaz de crear plusvalía. El sistema capitalista de producción consiste en la apropiación por la clase capitalista de cantidades cada vez mayores de plusvalía. En un sistema capitalista desarrollado, la clase capitalista se concentrará en el aumento de la plusvalía relativa. Es decir, introducirá maquinaria para reducir la parte de la jornada de trabajo que es necesaria para reproducir la fuerza de trabajo de los obreros, y aumentar la parte que es el trabajo excedente. Por una parte, el aumento de la productividad requiere un aumento de la inversión en maquinaria, de modo que la tasa de ganancia tenderá a disminuir. Por otra parte, la masa de ganancia aumentará, y deben aumentar tanto la tasa como el volumen de la plusvalía. ¿Qué ocurre con este excedente que crece? Permite a la clase capitalista crear una clase de personas que no son trabajadores productivos, pero que rinden servicios a capitalistas individuales o, lo que es más importante, a toda la clase capitalista; y, al mismo tiempo, el aumento de la productividad requiere una clase de ese género de trabajadores no productivos que desempeñen las funciones de distribuir, comercializar, investigar, financiar, administrar, seguir la pista y glorificar el producto excedente en aumento. Esta clase de trabajadores no productivos, de trabajadores de servicios o de sirvientes en una palabra, es la clase media. En resumen, la clase media se sigue de los principios en cuya elaboración Marx gastó los mejores años de su vida y de su salud, y que consideraba como su contribución histórica a la comprensión del capitalismo. Si uno niega, como a mi juicio se debe hacer, la validez de las predicciones hechas por Marx en el Manifiesto acerca de la polarización de las clases y de la revolución proletaria, no se niega que Marx fuera un campeón de la causa proletaria; sólo le quita uno al marxismo su optimismo juvenil, producto de una excesiva cautivación por la elegancia del idealismo hegeliano. Pero para quitarle a Marx su teoría de la clase media hay que destruir al marxismo, al socialismo científico en su núcleo, y desafiar descaradamente a la realidad contemporánea. Existe después de todo una clase media en la sociedad industrial avanzada, y debe considerarse que uno de los grandes logros científicos de Marx (y un gran logro personal, si se considera cuáles eran sus sentimientos) es el no haber sólo predicho que surgiría esa nueva clase media, sino también el haber establecido los principios económicos y sociológicos que explican su auge y su función en la estructura global de las clases. Que yo sepa, las líneas generales de lo que puede llegar a convertirse en una teoría suficiente que explique el nacimiento, el crecimiento, la función económica y el movimiento de la clase media es algo que no ha aportado ningún científico social anterior a Marx ni posterior a él. Se trata de un éxito excepcional y de un excepcional desafío.

1 La ideología alemana por Carlos Marx y Federico Engels. 3ª de. Coedición Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, y Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1970, pág. 25.

2 Cf. Werke, vol. 1, especialmente las págs. 283-4.

3 Cf. Werke, vol. 1, especialmente las págs. 354-5 y 368-9.

4 Werke, vol. 1, pág. 390.

5 Ibid.

6 Zur Kritik der Politischen Oekonomie. Vorwort. Werke 13, pág. 8.

7 Por motivos que no acabo de comprender, la edición de las Werke no contiene los Manuscritos de 1844. Dada su calidad y su gran difusión, cito por la traducción de Bottomore, en la obra de Erich Fromm Marx’s concept of Man (Ungar, Nueva York, 1961). La presente cita figura en la pág, 91. (En esta traducción las citas son de la versión castellana publicada por Alianza Editorial, Madrid, 3ª de. 1970. Esta cita figura en la pág. 48. Las notas siguientes dan directamente la pág. de la versión citada en castellano.)

8 Ibíd., pág. 116.

9 Ibid., pág. 190.

10 Ibíd., pág. 202.

11 Ibíd., págs. 47-118.

12 “El examen de la división del trabajo y del intercambio es del mayor interés porque son las excepciones manifiestamente enajenadas de la actividad y (las capacidades) humanas en cuanto actividad y (capacidades) adecuadas al género.” Ibíd., pág. 175. (Las palabras que figuran entre corchetes son aquellas en las que he considerado oportuno apartarme de la traducción citada).

13 Ideología…, pág. 34. Un poco antes Marx escribe que “división del trabajo y propiedad privada son términos idénticos” para decir lo mismo, esto es, que la división de clases no es sino otro aspecto de la división del trabajo y viceversa.

14 Ueber P.-J. Proudhon en Werke 16, pág. 27. Para la aclaración por Marx de la diferencia entre división del trabajo y división de clases, véase Misere de la Philosophie (1847) en Werke 4, págs. 122, 144-156.

15 Manuscritos: economía y filosofía de 1844, op. Cit. , págs. 130-131.

16 Lage der arbeitenden Klassz in England, en Werke 2, págs. 250-251.

17 Manifest der Kommunistischen Partei en Werke 4, pág. 463. He seguido en general la traducción al inglés que figura en The Communist Manifesto (Monthly Review Press, Nueva York 1944) al citar el original. Sin embargo, algunos de los términos económicos técnicos de esa traducción no son completamente exactos; véanse las notas 20 y 23 infra. (Para versión al castellano se ha utilizado el Manifiesto del Partido Comunista publicado por Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, [s. a.].)

18 Karl Marx, Grundrisse der Kritik der Politischen Oekonomie. (Rohentwurf). Instituto Marx-Engels, Moscú (Dietz, Berlín, 1953). Los Grundrisse de 1857-58 ocupan 760 de este enorme volumen. Sería muy de desear una traducción completa, o por lo menos, una traducción de fragmentos seleccionados.

19 Manifiesto, págs. 41, 48, 51, 52.

20 Ibíd., pág. 50. En la traducción citada al inglés se traduce erróneamente “Reinertrag” por “surplus”.

21 Ibíd., pág. 48.

22 Por ejemplo, véase la polémica de Marx contra la tendencia a “explicar la economía capitalista con referencia a las llamadas leyes de la oferta y la demanda, esto es, a las leyes del mercado” en El Capital III, 207 y otros lugares.

23 Manifiesto, pág. 51. La traducción inglesa transforma “erzeugen” en “getting”, en lugar de “creating” un nuevo trabajo asalariado, pero no tiene excesiva importancia.

24 Ibid., pág. 40.

25 Der Preis einer Ware, also auch der Arbeit ist aber gleich thren Produktionskosten. Ibid., pág. 42. Los editores de las Werke (y de la edición de Moscú) señalan oportunamente que «Marx no habría dicho “Arbeit”, sino “Arbeitskraft” (no “trabajo”, sino “fuerza de trabajo”) en sus obras ulteriores, diferencia crucial acerca de la cual cabe decir que en ella se centra toda la diferencia entre la economía marxista y la no marxista, así como, quizá, la diferencia entre el “joven Marx” y el “Marx maduro”. Véase Ibíd., nota en la página 42 y primera nota de la pág. 33.

26 Esta definición se repite a menudo, sobre todo en Lohn Preis und Profit (Salario, Precio y Ganancia, Aguilera, Madrid, 1968, págs. 38 y ss.), en El Capital y en otras partes.

27 El Capital I, págs. 139-267.

28 Ibid., pág. 222.

29 Ibíd., pág. 457.

30 Ibíd., pág. 458.

31 El Capital III, pág. 233.

32 Paul Baran y Paul Sweezy, Monopoly Capital (Monthly Review Press, Nueva York y Londres 1966). Los autores de este monumental estudio consideran que “la ley del aumento del excedente sustituye a la ley de Marx de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia” (véase la pág. 72), pero no comentan el hecho de que la ley del aumento del excedente no es sustitutivo en absoluto, sino meramente otro aspecto de la ley de Marx.

33 Esto se dice ya en los Grundrisse, pág. 649: “Así, la cuota de ganancias está en relación inversa al incremento de la plusvalía relativa…”. De modo más explícito en El Capital III: “A medida que se desarrolla el proceso de producción y acumulación, tiene que aumentar, del mismo modo, la masa del trabajo excedente apropiable y apropiada y, por consiguiente, la masa absoluta de la ganancia que se apropia la clase capitalista” (El Capital III, pág. 240. También las págs. 239 y 241 y otras del mismo capítulo).

34 El Capital I, pág. 561.

35 Ibíd., págs. 562-63.

36 Carlos Marx, Theorien Ueber den Mehrwert, edición de Karl Kautsky (Diets, Stuttgart, 1919), vol II, parte 1, pág. 141. Los editores de las Werke van a publicar una nueva edición de esta importante obra; pero como sólo dispongo del primer volumen, he preferido citar por la edición de Kautsky, de la cual parece hay más ejemplares en las bibliotecas. Esta obra, consistente en tres volúmenes en cuatro libros, figura en la edición de las Werke como “cuarto volumen” de El Capital, pero Marx escribió el manuscrito en 1861-62, o sea que es anterior a los otros volúmenes de El Capital. En las notas siguientes figura como Theorien.

37 El Capital I, págs. 586-91; III, págs. 240-244.

38 Grundrisse, pág. 212.

39 Theorien I, pág. 189; véase también la pág. 199.

40 Naturalmente, existen también los llamados proletarios de cuello blanco (o de corbata), y el hecho de que esta clase también trabaje a salario ha despertado esperanzas de que, con el tiempo, también pudiera verse estimulada a evolucionar en el clásico sentido de un militantismo proletario creciente. Pero cualquiera sea el valor de esta idea, debe quedar claro que, a juicio de Marx, el término proletariado sólo se refería a los trabajadores productivos. Si se define el proletariado de modo que incluya a todos los trabajadores asalariados, resulta que muchos directores de empresas y administradores también son proletarios. La visión inicial de Marx del trabajo asalariado demuestra, en cambio, una considerable falta de rigor; así, escribe en el Manifiesto que la burguesía ha convertido al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al sabio “en sus servidores asalariados” (Manifiesto, pág. 36), con lo que estos dignos caballeros formarían parte, también, del proletariado, o eso parecería. También en este caso, como ya se ha mencionado, Marx considera que la característica más importante de la época capitalista es la transformación de valores humanos en valores de mercado, y todavía no ha percibido la característica más profunda, o sea, la creación y apropiación de plusvalía por la clase capitalista. El paso del concepto del mercado al de la plusvalía señala, a mi juicio, la diferencia central entre el pensamiento del Marx “Joven” y el del Marx “maduro”. Véase la nota 25 supra.

41 El Capital II, págs. 320-32. La relación necesaria entre la necesidad en aumento de esos servicios auxiliares y el auge de la clase es evidente, pero Marx no la expone en este momento.

42 Por ejemplo, incluso una economista tan simpatizante como Joan Robinson se deshace de la teoría del valor del trabajo calificándola de “fórmula” que no tiene que ver con el resto de su obra lo cual resulta algo así como decir que el concepto de movimiento no tiene nada que ver con la comprensión de las leyes de Newton. Véase Joan Robinson, An Essay on Marxian Economics (McMillan, Londres, 1949, pág, 22).

43 Grundrisse, págs. 304-5n.

44 Theorien I, pág. 171. Víase también la pag. 189.

45 El Capital I, pág. 397. Véase también el resumen que hace Engels de Marx en «Zur Wohnunsfrage» en Werke 18, pág. 214, en el que habla de la división del excedente entre trabajadores improductivos, que van desde los lacayos hasta el Papa, el Kaiser, el sereno, etc. Hay un momento en el que Marx llama a los diversos estratos de funcionarios, eclesiásticos, etc., nada más que “mendigos elegantes” (Theorien I, pág. 189).

46 Theorien I, pág. 114.

47 Ibid. Véase también la nota 43 supra.

48 Theorien III, pág. 49.

49 Ibid., pág. 61.

50 Ibíd., pág. 139n.

51 Theorien I, parte 1, pág. 127.

52 Theorien II, parte 2, pág. 365.

53 Theorien II, pág. 423.

54 Theorien II, parte 2, pág. 264.

55 Ibíd., pág. 368. Parte de este fragmento figura en una traducción no demasiado fiel de T. B. Bottomore y Maximilien Rubel, compiladores: Karl Marx, Selected Writings in Sociology and Social Philosophy (McGraw Hill, rústica, 1964), pág. 191.