Cuellos de botella en las cadenas de suministro y caos social

N+1, Informe de la tele-reunión del 19 de octubre de 2021.


Durante la tele-reunión del martes por la noche, a la que asistieron 22 compañeros, discutimos sobre el aumento del precio de las materias primas y, en particular, de la energía.

En un artículo publicado en el último número de The Economist (curiosamente titulado The energy shock, el mismo título que uno de nuestros reportajes de hace unas semanas y que supimos que había sido traducido primero al español y luego al alemán), se nos recuerda que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) tendrá lugar del 31 de octubre al 12 de noviembre. La cumbre contará con la presencia de líderes mundiales, reunidos en la intención de fijar el rumbo para que las emisiones mundiales de carbono lleguen a cero en 2050.

Pero mientras la clase dirigente anuncia que se compromete a un esfuerzo de 30 años, en la práctica hace lo contrario. Desde mayo, el precio del petróleo, el carbón y el gas ha subido un 95%, y en septiembre Gran Bretaña, que será sede de la cumbre, volvió a encender sus centrales eléctricas de carbón. Sin embargo, Londres ha dejado claro que apostará por la energía nuclear para reducir las emisiones de CO2.

Los precios de la gasolina en Estados Unidos han alcanzado los 3 dólares por galón, los apagones han abrumado a China e India y Europa se ha convertido en rehén de Vladimir Putin para el suministro de combustible.

Así, todas las buenas intenciones ecológicas del tipo Green New Deal se han ido por la ventana, y han terminado imponiéndose, como siempre, las crudas necesidades sin edulcorar del modo de producción capitalista.

The Economist también advierte sobre la espiral salarios-precios: tanto el crecimiento de los salarios como la inflación son inusualmente altos. Los salarios por hora están aumentando en Estados Unidos y Alemania, en parte debido a la escasez de mano de obra tras la recuperación del consumo luego de las cuarentenas.

Siendo el salario la única variable independiente, la exigencia de grandes aumentos salariales asusta a los capitalistas y gobernantes porque su sistema se basa en la producción de plusvalía. Mencionamos, a este respecto, la reciente oleada de huelgas en Estados Unidos (Striketober: American workers take to the picket lines).

El mundo se dirige hacia la catástrofe desde todos los puntos de vista: económico, ecológico y social, pero esto no se traduce automáticamente en una polarización de clase. La dualidad de poder aún está muy lejos, actualmente los movimientos en las calles en su mayoría se pueden etiquetar como inter-clasistas.

La sociedad está en ebullición, pero de momento nada nuevo está surgiendo del caos. En cambio, se está incubando un gran desorden.

En España, el 26,4% de los ciudadanos se encuentran «en riesgo» de pobreza y el 9,6% en situación de pobreza extrema, 4,5 millones viven en familias con ingresos extraordinariamente bajos. La mayoría de las personas en situación de pobreza extrema (72%) tienen la nacionalidad española, cuentan con un nivel de estudios medio (53%) o bien alto (17,9%), tienen un trabajo (27,5%) y una vivienda (95,2%).

El Papa, gran observador de las dinámicas sociales, en un reciente videomensaje se dirigió al encuentro de los Movimientos Populares afirmando que había que introducir «el salario universal y la reducción de la jornada laboral». Bergoglio dice que estas son «medidas necesarias» pero «insuficientes».

Incluso en Italia, donde según el ISTAT casi seis millones de personas viven en estado de pobreza absoluta, ha empezado a manifestarse un cierto «caos social», con las plazas de Roma, Milán y el puerto de Trieste siendo escenarios de enfrentamientos. Y en cuanto a los puertos, hay numerosos puertos en todo el mundo, desde Los Ángeles hasta el Reino Unido, que se encuentran al borde del colapso; los analistas observan un estrechamiento en los mecanismos que aseguran las cadenas de suministro, lo que provoca un gran cuello de botella en el flujo de mercancías.

Con respecto al problema de la inflación, recordamos lo que se escribió en el Libro III, Sección VII, de El Capital, «La renta y sus fuentes»: la ganancia (beneficio del empresario más los intereses) y la renta no son más que formas particulares que adoptan partes particulares de la plusvalía de las mercancías.

El aumento de los precios hace que una parte creciente de la plusvalía se transforme en rentas. El rentista gana y el industrial pierde. La especulación está provocada por la escasez real de materias primas, por lo que el precio de éstas tiende a subir y bajar en los mercados bursátiles.

Primero tenemos la variación del precio de la producción, luego la especulación (la escasez de contenedores hace que el costo de los fletes marítimos se dispare, triplicándose en un año). Otros ejemplos de las locuras del capitalismo moderno son la especulación con el Bitcoin (que se disparó por encima de los 60.000 dólares) o el año pasado la especulación con el petróleo, cuyo precio alcanzó un pico negativo.

También reiteramos la necesidad de rechazar toda forma de partidismo, especialmente el «a favor del green-pass/contra el green-pass» ya que ambas opciones, aunque enfrentadas, tienen en común la necesidad de reanudar la producción lo antes posible, de enviar a los trabajadores a trabajar y de mantener abiertos los comercios y las empresas.

También hay que decir que el concepto de libre elección o libre albedrío (¡tan reivindicado como inexistente!) no pertenece al léxico comunista.

La humanidad sigue en su fase prehistórica: las agrupaciones sociales necesitan símbolos y eslóganes tras los que marchar, ya sean religiosos o ideológicos, o palabras sin contenido empírico claro como «libertad».

Estamos en contra del indiferentismo, en el sentido de que seguimos con atención todo lo que ocurre en las plazas, incluso las movilizaciones animadas por fuerzas interclasistas o reaccionarias, tratando de identificar las causas materiales que llevan a las moléculas sociales a agitarse y moverse en una dirección y no en otra, y dando el peso adecuado a lo que los manifestantes dicen de sí mismos.

La vacunación es un gran negocio para las empresas farmacéuticas, y esto ni hace falta decirlo, pero también es un medio para combatir la pandemia, uno de los pocos medios disponibles en la actualidad.

En Inglaterra el fin de las restricciones en Inglaterra está provocando un aumento de los casos de Covid 19, en Rusia crece el número de muertes (más de mil en un día) por complicaciones debidas al coronavirus. Debido a la incertidumbre de los datos oficiales sobre nuevos casos y muertes, The Economist se vio en la necesidad de hacer su propio modelo basado en un centenar de coeficientes correctores, el más importante de los cuales es el diferencial en el número de muertes entre el periodo de la pandemia y el anterior (The pandemic’s true death toll).

Hay que ser drásticos en el tema de las vacunas, contrarrestando las oladas de irracionalidad que afectan incluso a los círculos «comunistas». Incluso muchos que se llaman marxistas, olvidan que la ciencia no es adjetivable: no es burguesa ni proletaria, sino que es el nivel de conocimiento alcanzado en una época determinada.

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