La anarquía de una sociedad ultradisipativa

N+1. Informe de tele-reunión 27 de abril de 2021. Traducción de C. L.


La tele-reunión del martes por la noche, con la presencia de 24 compañeros, comenzó con algunas actualizaciones sobre la situación de la pandemia de Covid-19.

Al margen de lo que transmiten los medios de comunicación, según los cuales la propagación del virus está en su fase final y todo vuelve a la normalidad gracias a las campañas de vacunación, hay que tener en cuenta que en todo el mundo el número de contagios ha alcanzado un nuevo pico tocando en un solo día, el pasado 22 de abril, 900 mil casos. La situación en la India es dramática, donde se han registrado casi un millón de nuevos casos en tres días; las imágenes de las hogueras creadas para la incineración de los muertos han dado la vuelta a la web, y también se han improvisado piras en aparcamientos. A pesar de producir el 60% de las vacunas del mundo contra el Coronavirus, el país corre el riesgo de caer en una situación sanitaria y social catastrófica. La población india, de 1.300 millones de personas, vive en enormes metrópolis (Nueva Delhi, Calcuta, Bombay), con suburbios densamente poblados y condiciones higiénicas muy deficientes.

Un grupo de supuestos expertos afirma que no hay que preocuparse por la propagación de variantes del virus porque las vacunas que se producen actualmente son, en cualquier caso, eficaces. Esto puede ser cierto, pero parece que no tienen en cuenta el impacto de las mutaciones, que los coronavirus, como el SARS-CoV-2, desarrollan rápidamente. Otros expertos más prudentes, como el microbiólogo Andrea Crisanti, el infectólogo Massimo Galli y el matemático Giovanni Sebastiani, expresan en cambio cierto recelo por la reapertura prematura. «Sobre todo -explica Sebastiani- me preocupa la escuela. Se ha demostrado que, tras la vuelta de los alumnos a la asistencia, el Rt aumenta un 25% en 4 semanas, como ha admitido incluso el Istituto Superiore di Sanità. Además, a diferencia del año pasado, hoy la transmisión del virus afecta también a los niños menores de 10 años».

La burguesía ha demostrado que para mantener abiertas las fábricas y las empresas, para que su sistema económico funcione, está dispuesta a sacrificar a las poblaciones. El programa de televisión Informe, con la investigación «Il giallo veneto» (26 de abril de 2021), ha puesto bien de manifiesto cómo para sus amos la prioridad es la economía y no la salud. La burguesía produce desastres y luego critica el trabajo de sus propios representantes, sin aportar soluciones. La pandemia se trata con criterios electorales, se cuentan los votos, la conveniencia política y los negocios, mientras la gente enferma y muere.

Sin embargo, no faltan la tecnología y los conocimientos para contener el virus. Los comportamientos correctos a adoptar son bien conocidos, son los sugeridos por la OMS desde hace un año: aislamiento de los enfermos, seguimiento de los contagios, distanciamiento social e información correcta. Los gobiernos han seguido su propio camino y los resultados están a la vista. Un ejemplo más, por si hiciera falta, de cómo el modo de producción capitalista es peligroso para la vida de la especie, y no sólo para ella. La práctica depredadora con respecto al resto de la naturaleza (producción infinita en un planeta que es finito) tiene varias implicaciones catastróficas debido a la superación de los límites físicos del planeta: miles de kilómetros cuadrados de plástico en los océanos, deshielo del permafrost, venenos que contaminan el aire, nuevos virus peligrosos, cataclismos «naturales».

La revolución que se avecina tendrá un carácter de especie, porque lo que está en juego es la propia supervivencia de la humanidad en el planeta Tierra.

La situación económica mundial no era alentadora ni siquiera antes de la pandemia. ¿Cuánto tiempo se puede seguir bombeando miles de millones de dólares en los mercados? Una vez superados ciertos límites, el sistema sufre una sobredosis. El capitalismo ha alcanzado un nivel difícil de superar: demasiadas mercancías, demasiado capital, demasiadas finanzas. Entre la capacidad productiva del sistema y la capacidad de consumo de las poblaciones existe una discrepancia evidente. ¿Volcán de la producción o pantano del mercado? No es que sean alternativas. Uno existe porque existe el otro, ya que no hay umbrales teóricos para la producción, y es precisamente esto lo que provoca la inundación del mercado. La burguesía trata de remediarlo apoyando artificialmente el consumo, pero el verdadero problema se encuentra aguas arriba, en la producción de bienes. Según Jean-Baptiste Say, economista francés criticado por Marx, basta con producir una mercancía para que ésta encuentre su propio mercado. El mero hecho de producir una mercancía abriría instantáneamente la salida a otras mercancías. Marx explica que esto no tiene sentido porque la causa última de las crisis capitalistas es simplemente la sobreproducción. Los bienes no encuentran sus propios consumidores: el mercado es anárquico, los productores no saben de antemano cuál será la necesidad social, por ejemplo, de un alimento. El capitalismo no tiene medios para planificar el futuro, simplemente se las arregla. El keynesianismo ha sido utilizado por los distintos fascismos, luego codificado en una mezcla de intervención estatal y libre mercado, y finalmente ha perdido todo su impulso.

El gran problema de la burguesía es organizar científicamente el flujo de mercancías. Si dentro de la fábrica, cuando los productos semielaborados aún no han llegado al mercado, el ciclo de producción sigue un flujo racional porque no hay intercambios de valor, cuando los productos semielaborados salen de la industria se manifiesta toda la anarquía de una sociedad ultradisipativa. El capitalismo no puede organizar la producción social como puede organizar la producción en la fábrica individual. Y esta es su condena.

Cuando el portacontenedores Ever Given encalló en el Canal de Suez, el tráfico mundial de mercancías se desbarató. Un accidente relativamente pequeño produjo el pánico en el mundo burgués. Si empiezan a surgir dificultades logísticas en puntos estratégicos del flujo de mercancías, podrían ponerse en marcha procesos catastróficos en la cadena. El año pasado se vieron pequeños brotes de colapso sistémico tras los primeros cierres, cuando se asaltaron supermercados y metrópolis como París, Londres y Milán vieron un éxodo al campo, ya que estas grandes ciudades fueron percibidas por los ciudadanos como ratoneras. Hay varios estudios, sobre todo militares, que hablan de una futura guerra civil urbana, del colapso de las infraestructuras y de la lucha por los alimentos y el agua.

Al final de la tele-reunión se hizo una breve mención, con la intención de retomar el tema el próximo martes, a los países que pueden verse afectados en un futuro próximo por un nuevo agravamiento de la crisis capitalista. También hubo una breve referencia al día de la «liberación», el 25 de abril (fiesta patriótica e interclasista), que este año también celebraron Matteo Salvini y las clases medias pegadas al grito de «apliquemos la libertad: sin toque de queda, sin restricciones».

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