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Homo 1: Marx, Engels y «el invertido»

lunes, marzo 23rd, 2020

El 22 de junio de 1869, Friedrich escribió desde Manchester a su amigo Karl en Londres:

«¡Vaya, eso es todo lo que pudo conseguir Wilhelm! (1): que las líneas masculino-femenina y del todo femenina de los lassalleanos terminen uniéndose! El invertido que me enviaste es realmente muy curioso. Estamos ante revelaciones extremadamente antinaturales. Los pedófilos están empezando a creerse importantes y a descubrir que tienen poder en el Estado. Solo les falta organización, pero según esta fuente aparentemente ésta ya existe en secreto. ¡Guerra al coño, paz con el ojete!, parece que será de ahora en adelante la consigna. Por cierto, solamente en Alemania es posible que un tipo como este se presente, exponga esta basofia como una teoría y proclame: ¡pasen!, etc. Desafortunadamente, no ha tenido aún el coraje para reconocer públicamente que es «de esa manera», y sigue operando a escondidas del público, y no «yendo de atrás hacia adelante», como dijo una vez por error. Pero solo espere hasta que el nuevo Código Penal del norte de Alemania reconozca los derechos del culo y empezará a actuar de manera muy diferente. Entonces las cosas irán realmente mal para la gente recta como nosotros, con nuestro pueril gusto por las mujeres. Si Schweitzer pudiera ser útil para algo, sería para sonsacarle a este honorable caballero información detallada sobre los pedófilos instalados en las altas esferas, lo cual ciertamente no sería difícil para él siendo un hermano de espíritu.» (2)

El lector de principios del siglo XXI, al no entender mucho esta correspondencia, se escandaliza. Nosotros también. Pero la inteligencia teórica no consiste en denunciar como prejuicios lo que antes era habitual, sino en identificar los prejiuicios de nuestra época. Nuestro objetivo no es juzgar, sino entender el presente tomando un desvío por el pasado. (3)

En Alemania, alrededor de 1860, el movimiento obrero estaba formado por sindicatos frágiles y en ciernes, formados por numerosas pero efímeras asociaciones, que actuaban como aliados y rivales de una burguesía liberal privada de poder político, el cual era ejercido por un régimen autocrático.

Además, la cuestión nacional «sobredeterminaba» a la cuestión social. En una Alemania no unificada, el norte estaba dominado por la Prusia autoritaria, mientras que el resto del país consistía en pequeños estados. Teniendo como vecina a Austria, gigantesco imperio «multinacional» declinante, la pregunta que se planteaba era: ¿la unidad se llevará a cabo bajo el liderazgo de Prusia o de Austria?

Este es el contexto en el que, en 1863, se estableció la primera organización de trabajadores, presente en gran parte del país, la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV según sus iniciales), dirigida por Ferdinand Lassalle. El programa es conquistar el trabajo asociativo, «cuando la clase trabajadora se convierte en su propio empleador». Estos productores asociados extenderían gradualmente su actividad a toda la economía, sin la burguesía, pero con la ayuda del Estado, cuyo «deber es hacerse cargo, para alentarlo y desarrollarlo, de la ran cuestión de la libre asociación individual de la clase trabajadora y fijar para sí el deber más sagrado de ofrecerles a los trabajadores los medios y la posibilidad de su auto-organización y auto-asociación. (4)

El ADAV buscó el apoyo de Bismarck contra la burguesía, y Lassalle incluso tuvo en suficiente estima al «Canciller de Hierro» como para enviarle una copia de cada uno de sus escritos. Marx por su parte pensaba que «no tenía sentido creer que el Estado prusiano pudiese emprender una acción socialista directa» (Carta a Kugelmann, 23 de febrero de 1865).

Por el contrario, los socialistas que apoyaron a Marx (no criticarlo) decían buscar la actividad autónoma de los trabajadores. August Bebel y Wilhelm Liebknecht, fundadores del Partido Socialdemócrata de Alemania en 1869, creían que el sufragio universal serviría para que el proletariado adquiriese independencia política, y así pudiese un día ejercer el poder político para llevar a cabo su programa económico.

A la muerte de Lassalle (asesinado en un duelo en 1864), Johann-Baptist von Schweitzer lo sucedió a la cabeza de ADAV. (5) Después de estudiar derecho y publicar un libro sobre religión, Schweitzer (1833-1875) participó activamente en los círculos de trabajadores de Frankfurt, presidió un club de gimnasia, fundó una Asociación de Educación de Trabajadores en 1861 y trabajó por federar a los círculos obreros de toda Alemania. Su objetivo era doble: reforzar el sentimiento nacional… y promover la lucha de clases, entendida como una oposición de los trabajadores a la burguesía, buscando al mismo tiempo el apoyo del Estado en la lucha contra los burgueses. Schweitzer y sus amigos no veían contradicción alguna entre promover la unidad y la fuerza defensiva del pueblo alemán, y apoyar los intereses específicamente obreros.

En 1862, Schweitzer, a la sazón uno de los pioneros de la socialdemocracia en el área de Frankfurt, fue arrestado. Dos testigos lo acusaban de haber instigado a un chico de 14 años para cometer «actos indecentes» en un parque. El niño (o adolescente, pues su edad sigue siendo incierta) había desaparecido, no se sabía nada de él, Schweitzer negó los hechos y, sin embargo, fue condenado a dos semanas de prisión por incumplimiento de la buena moral. La sociedad de gimnasia lo excluyó, y en 1863 la sección de Frankfurt del ADAV le negó la membresía. Ante la insistencia de Lassalle, que consideraba a Schweitzer un buen militante, éste fue finalmente aceptado en la sección de Leipzig. (6) Pero quiso conferenciar en Frankfurt, Strauss, el líder local de ADAV, exigió una «cesárea»:

«Aunque muchos de nosotros estamos al tanto de sus capacidades, no podemos servirnos de su persona. Para nosotros, Schweitzer ha muerto.»

Lassalle respondió así a Strauss:

«La desviación atribuida al Dr. Schweitzer no tiene absolutamente nada que ver con su comportamiento político. […] ¿Cuál es la relación entre la práctica política y la desviación sexual?»

Lassalle a Schweitzer:

«Solo sé lo que leo en los periódicos, y no sé qué es verdad o no. Pero si lo que en su momento dijeron los periódicos sobre las razones de su arresto es cierto, solo sé una cosa: la desafortunada inclinación, para mi incomprensible, que se le imputa a usted, es uno de esos crímenes que no tiene absolutamente nada que ver con el carácter político de un hombre. En una organización política, tal reacción, contra un hombre de tu carácter y tu inteligencia, prueba hasta qué punto las ideas políticas aún son confusas y limitadas. En cualquier caso, en lo que a mí respecta, independientemente de lo que digan los miembros de nuestra Asociación en Frankfurt, nunca ocultaré el hecho de que tengo un gran respeto por ti y que te aprecio mucho, por lo que te autorizo para mostrar esta carta a quien tú desees. Le escribí a Frankfurt con este espíritu, no oculté mi desaprobación y espero que esta carta tenga el resultado deseado en el futuro.» (7)

Lassalle le pidió a Schweitzer que lo representara en el aniversario del ADAV en Frankfurt. Tuvo relaciones amistosas con él. Lo nombró para formar parte del Comité Directivo del ADAV.

Un año después, después de la repentina muerte de Lassalle, Schweitzer tomó las riendas de la organización. Propuso la presidencia a Marx, quien obviamente se rehusó. Sin embargo, Marx, Engels y Liebknecht aceptaron colaborar con El Socialdemócrata, un periódico que Schweitzer dirigía sin ser el órgano oficial del ADAV.

En una carta a Marx del 15 de febrero de 1865, Schweitzer afirma reconocer la autoridad de Marx «en cuestiones teóricas», mas no en «las cuestiones prácticas de la táctica inmediata», las cuales “sólo pueden entenderlas quienes están en el centro del movimiento». Cuando una semana después El Socialdemócrata de Schweitzer elogió a Bismark, Marx se retiró del periódico, seguido por Liebknecht. Schweitzer, escribió Marx el 18 de febrero de 1865: «es incorregible (sin duda está en connivencia con Bismark)». Cuatro días después, Engels responderá: «Este tipo se ha propuesto la tarea de desacreditarnos, y cuanto más nos relacionemos con él, más nos hundiremos en la mierda». Marx redundará, el 10 de marzo, refiriéndose a Schweitzer como un «perro de mierda». Dirá: «Deberías enviar a Siebel algunas buenas historias sobre este tipo, para que sean publicadas en los diversos periódicos”. (8) Sabiendo qué rumores habían comprometido a Schweitzer desde el escándalo de 1862, la naturaleza de las «buenas historias» solicitadas por Marx deja pocas dudas. El líder del ADAV olía a azufre, y aquel «asunto» volvía a surgir una y otra vez.

En noviembre de 1865, Schweizer fue condenado a un año de prisión por sus ataques contra el gobierno: una amnistía lo liberó en mayo. En 1867, siendo presidente del ADAV, y elegido como representante en el nuevo parlamento del Reichstag del norte de Alemania, fue uno de los primeros diputados en reclamar el socialismo para Europa.

En 1867, publicó un resumen de El Capital en 12 capítulos. Marx escribió a Kugelmann, el 17 de marzo de 1868, que se sentía elogiado por su «enemigo personal», y le dijo a Engels que Schweitzer, «a pesar de algunos errores aquí y allá, ha estudiado a fondo el asunto y sabe dónde ubicar el centro de gravedad”. (9) Sin embargo, cuando Schweitzer declaró que consideraba a Marx «el jefe del movimiento obrero europeo», el autor de El Capital vio en esto una simple maniobra. A este hombre, escribirá a Engels, «le hace falta su propio su movimiento obrero»: no basta con que sea «indiscutiblemente el líder obrero más inteligente y más enérgico de Alemania en este momento «, además es necesario «que elija entre la secta y la clase”. (10)

¿Cómo es que un hombre al que Franz Mehring describió, no sin indulgencia, como alguien aquejado de una «gran impopularidad en los círculos obreros» y «muy poco amado por los trabajadores», (11) cómo es que un hombre así pudo permanecer al frente de una de las primeras organizaciones obreras de Alemania, la más numerosa y mejor estructurada de todas? Probablemente debido a su programa de cooperativas apoyadas por el Estado, este «socialismo desde arriba» que respondía a las aspiraciones de los proletarios de la época.

Marx escribió a Schweitzer el 13 de octubre de 1868:

«Reconozco absolutamente la inteligencia y la energía con que usted actúa en el movimiento obrero. (…) Siempre le he tratado como a un hombre de nuestro partido, y nunca he divulgado ni una palabra sobre nuestras divergencias. Y sin embargo, estas divergencias existen. (…) Después de un sueño de quince años, el movimiento obrero en Alemania fue sacado de su letargo por Lassalle, y este es su mérito eterno. Sin embargo, cometió grandes errores (…) Él puso en el centro de su agitación la ayuda del Estado, en lugar de la acción autónoma del proletariado. (…) diciendo que esta fórmula era factible en un futuro próximo. Ahora, el Estado en cuestión no era más que el Estado prusiano. Esto lo obligó a hacer concesiones a la monarquía prusiana, a la reacción prusiana (partido feudal) e incluso a los clérigos.» (12)

A pesar de su indulgencia, Mehring muestra a la dirección del ADAV de Schweitzer como una «dictadura moral», es decir una dictadura al fin y al cabo, ejercida por un presidente devenido en «líder sectario» de un partido que evoluciona de mal en peor. (13) A la larga, el ADAV no era adecuado para el crecimiento de un movimiento que, debido a la lógica misma de la lucha de clases, enfrentaba desde posiciones cada vez más autónomas a la burguesía y, por tanto, al Estado que reprimía las huelgas, prohibía las reuniones y perseguía a los militantes.

En particular, incluso cuando alentaba la formación de sindicatos, Schweitzer se limitaba a procurar la reagrupación de núcleos dispersos y disidentes, sin tratar de reunir a la clase en un bloque como lo haría más tarde la socialdemocracia alemana. Hacia fines de la década de 1860, el ADAV comenzó a estar fuera de sintonía con la realidad del movimiento social, se dividió, para reunificarse una vez más en junio de 1869.

Esta es la crisis que evoca la carta de Engels citada al principio. En ella se describe a los disidentes que más tarde habrían de regresar al partido de «línea femenina», es decir al partido influenciado por Sophie von Hatzfeldt, conocida como «la condesa roja» (1805-1881), en oposición al sector llamado «masculino-femenino», en alusión a la orientación secial del líder del ADAV, Schweitzer. Desde 1862, de hecho, el incidente de Frankfurt, embellecido y agravado, venía suscitando comentarios y chismes, de los cuales Engels se complacía en repetir.

¿Homofobia? Tanto la acusación como el vocablo resultan anacrónicos.

Marx escribió en 1844:

«En la relación con la mujer, como presa y servidora de la lujuria comunitaria, se expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para si mismo, pues el secreto de esta relación tiene su expresión inequívoca, decisiva, manifiesta, revelada, en la relación del hombre con la mujer y en la forma de concebirla inmediata y natural relación genérica. La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre, es la relación del hombre con la mujer. (…) Con esta relación se puede juzgar él grado de cultura del hombre en su totalidad. (…) La relación del hombre con la mujer es la relación más natural del hombre con el hombre.” (14)

«Nada humano me es ajeno», dijo Marx. Queriendo aprehender lo que hace la humanidad, estas líneas de 1844 ignoran lo que en esa época aún no recibía el nombre de homosexualidad.

Cuarenta años después, Engels hace unas declaraciones francamente hostiles: en la familia ateniense, «la degradación de las mujeres tuvo su revancha en la de los hombres, que se rebajaron a la repugnante práctica de la pederastia, con lo cual se denigraron a la vez que deshonraban a sus dioses por el mito de Ganimedes.” (15)

En cuanto al «invertido » mencionado por Engels, se trata de Karl-Maria Ulrichs (1825-1895), autor de un folleto que Marx le envió, uno de los primeros defensores y teóricos de la la homosexualidad, quien incidentalmente intervino en el juicio de Schweitzer. Entre 1864 y 1879, publicó una serie de folletos que exponían la teoría del «tercer sexo», la de los Urninge (uranios o uranistas), caracterizada por «un alma femenina en un cuerpo masculino». En 1867, presentó esta tesis al Congreso de Juristas Alemanes, sin éxito. (16) En lo que a nosotros respecta, las actitudes de Marx y Engels oscilan de la indiferencia a la aversión.

La guerra de 1870 vino a acelerar los desarrollos políticos.

Dado que el ADAV había reclamado que el Estado apoyase la causa de los trabajadores, era lógico que luego lo apoyara en caso de conflicto militar. El Partido Socialdemócrata de Alemania reaccionó de manera diferente. En el Reichstag del norte de Alemania, el 19 de julio, mientras los diputados lassalleanos (incluido Schweitzer) votaban los créditos militares, August Bebel y Wilhelm Liebknecht se abstuvieron, posición que les sería reprochada por su propio partido. Ambos fueron arrestados por traición en diciembre de 1870. La oposición a la guerra les valdrá, a ellos y a otros socialistas y militantes obreros, penas de prisión. En las siguientes elecciones, en marzo de 1871, todos los candidatos socialistas fueron derrotados.

Después de la guerra, la dinámica del ADAV llega a su fin. Ya no hay espacio para la esperanza de una «economía obrera», financiada con fondos públicos, dentro del capitalismo. Desgastado, Schweitzer anuncia en marzo su decisión de no seguir dirigiendo el ADAV. Renuncia, e incluso será excluido del ADAV en mayo de 1872, rechazado por los suyos.

Al comenzar una segunda carrera, Schweitzer se convierte en un dramaturgo jugado y apreciado. En 1858 ya era el autor de Alcibiades, donde el héroe prefiere el amor de un esclavo al de una mujer. Al igual que sus primeras novelas, sus obras tenían «mensaje», si bien las escribía tanto para poder alimentarse como para hacer propaganda. En 1872 se casó con Antonie Menschel, su novia de larga data. Aunque se retiró de la vida política, aprobó públicamente el acercamiento y luego la fusión del ADAV y el Partido Socialdemócrata, del cual nació el Partido Socialista de los Trabajadores de Alemania en mayo de 1875 en Gotha. (17) La administración del SAPD enorgullece a los lassallianos, que son tres de los cinco miembros del comité directivo, y su programa tiene mucho que ver con el lassalleanismo, pues afirma la creación de cooperativas «bajo control democrático de los trabajadores», pero subsidiadas por el Estado. Dos meses después, Schweitzer murió de neumonía, dejando deudas a su viuda. Ningún trabajador asistió a su entierro.

La de Johann-Baptist von Schweitzer es una historia olvidada. La memoria militante y teórica retuvo la Crítica del Programa de Gotha de Marx, su posterior ataque a la «enfermedad parlamentaria» del partido (18) y la integración gradual del SPD en la sociedad alemana, hasta su apoyo a la guerra en 1914.

Solo hoy en día emergen la diferencia y el parentesco entre el ADAV y la socialdemocracia «marxista», dos formas opuestas de promover el trabajo.

«Abandonamos el punto de vista de la acción de clase para volver al de la acción de secta», reprochó Marx al borrador del Programa de Gotha. Marx siempre planteó el «movimiento real» como opuesto a la práctica sectaria. ¿Pero de qué realidad se trata? La socialdemocracia de finales del siglo XIX evitó el sectarismo alineándose con el «movimiento real» de una clase obrera dominada por el reformismo.

Su programa mínimo era transferir la mayor cantidad posible de capital al trabajo, posiblemente a través de la gestión conjunta. Su programa máximo era una sociedad laboral asociada, generalizada, democrática y planificada. Marx veía en el ascenso del movimiento obrero y de la política obrera se el camino preparatorio de este advenimiento.

La asociación autónoma de la clase obrera comenzó a ponerse en práctica en la primera mitad del siglo XIX, en particular en Francia. (19) Después de 1848, el empuje de la gran industria dejó obsoleto el sueño de un triunfo de los «productores asociados» sobre la economía burguesa, y por otro lado resultaba absurdo pretender realizar ese sueño a través de subsidios estatales. Lo que Marx no pudo anticipar fue que los socialistas post y anti-lassallianos también iban a esperar que lo más importante viniese del Estado: está en la lógica reformista pedir a las autoridades públicas que garanticen (y regulen) lo que las luchas obreras hayan ido ganando contra los patrones.

En todo esto, la «cuestión sexual» fue dejada de lado por todos los protagonistas, quienes no vieron en ello un problema social o político. Cuando apoyó a Schweitzer, Lassalle simplemente apoyó a uno de sus partidarios, mientras que Marx y Engels no escatimaban recursos cuando se trataba de atacar a un oponente. Un asunto privado para unos, un motivo de desprecio y calumnia para otros… tantas maneras de negar una pregunta que no podía ser hecha. El concepto de «homosexualidad» no existía aún. De hecho, fue recién en 1869, cuando Engels escribió la primera carta citada, que Karl-Maria Kertbeny inventó y teorizó las palabras heterosexualidad y homosexualidad. Pero esa es otra historia.

GD, febrero 2016.

Notas

(1) Wilhelm Liebknecht (1826-1900), padre de Karl Liebknecht.

(2) Correspondance Marx-Engels, Ed. Sociales-Messidor, 1984, p.111. Cuando habla de invertido, Engels se refiere a una carta de K. M. Ulrichs que Marx le había enviado, de la que diremos algunas palabras.

(3) Franz Mehring, Histoire de la social-démocratie allemande de 1863 à 1891, Les Bons Caractères, 2013. Obra por encargo publicada en 1897-98, minuciosa pero sesgada por su indulgencia hacia Lassalle y su sucesor Schweitzer. Un análisis histórico de Lassalle y una crítica de Mehring en David Riazanov, Lassalle and Bismark, 1928: https://www.marxists.org/archive/riazanov/1928/07/lassalle.htm. También Riazanov, Marx & Engels, 1922, The Good Characters, 2004, Acta de Programme Communiste n°99, 2006: www.pcint.org

(4) Lettre ouverte aux ouvriers (1863), citada por Mehring, p.69.

(5) Hubert Kennedy, Johann Baptist von Schweitzer, The Queer Marx Loved to Hate, 1995: http://www.marxmail.org/schweitzer.pdf. El autor se basa en particular en la biografía de Schweitzer publicada en 1909 por Gustav Mayer (sin traducir).

(6) Entre otras cualidades, Schweitzer acababa de escribir una novela política que Lassalle pensó que era una buena propaganda y que publicó a su costa.

(7) Hubert Kennedy, op. cit.

(8) Karl Siebel (1836-1868), amigo de Marx, contribuyó a la difusión de El capital en Alemania.

(9) Hubert Kennedy, op. cit.

(10) Kennedy, note 45.

(11) Franz Mehring, op. cit., p. 203 et 228.

(12) www.marxists.org/francais/marx/works/1868/10/km18681013.htm

(13) Franz Mehring, op. cit., p. 389.

(14) Tercer manuscrito. Propiedad privada y comunismo. En https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man3.htm

(15) El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884, capítulo 2, § 4: En este texto, así como en el pasaje de los manuscritos de 1844, la defensa de la mujer sirve de punto de partida para justificar para la omisión (o, en el caso de Engels, la denuncia) de la homosexualidad masculina.

(16) Volveremos sobre esto en un episodio futuro.

(17) En 1890, el SAPD se convirtió en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), nombre que lleva hasta hoy.

(18) Carta abierta de Marx y Engels a los líderes socialdemócratas, septiembre de 1879.

(19) Jacques Rancière, La Parole ouvrière, La Fabrique, 2007 (1976). Antología de textos de los años 1830-50.